viernes, 22 de agosto de 2014

TARTA HELADA DE CAFÉ Y CHOCOLATE

   ¿Les apetece para el fin de semana un postre bien fresquito para sobrellevar el calor?.
   Pues esta tarta de hoy, además de ser muy rápida y muy fácil de preparar, no lleva muchos ingredientes y, lo más importante de todo, es que está tremendamente rica.
   El verano pasado, mi compi de Desafíos, Mari, del blog Marrón glassé la preparó y me di cuenta que básicamente la tarta se prepara igual que el Helado de vainilla en tres pasos que tengo publicado en el blog, así que me decidí a hacerla y cambiarle un poco el sabor añadiéndole el café y el chocolate.
   En este caso, utilicé un molde de 26 cm pero si lo quieren preparar en uno más pequeño, sólo toca poner la mitad de los ingredientes.
   Los ingredientes que usé fueron:

  • Un litro de nata para montar muy fría.
  • Dos latas de leche condensada.
  • Dos sobre de Nescafé descafeinado (4 gr. en total).
  • 50 gr. de chocolate Nestlé postres (dos barritas).
  • Un rulo de galletas tipo digestive.
   Empezaremos forrando el molde desmontable, tanto el fondo como los laterales, untándolo con mantequilla antes de poner el papel.
   En un bol amplio ponemos la nata con el café.
   Las galletas las ponemos en la picadora y las picamos. Yo no las reduzco a polvo sino que le dejo que quede con trocitos.
   Montamos la nata y el café hasta que esté bien firme.
   En otro bol vaciamos los botes de leche condensada.
   Volcamos la nata sobre la leche condensada.
   Vamos mezclando con la espátula con movimientos envolventes, de abajo hacia arriba hasta que estén integrados.
   En la base del molde colocamos una primera capa de galleta triturada.
   Ponemos un tercio de la mezcla de helado sobre ella y alisamos con la espátula.
   Rallamos chocolate sobre la capa de helado.
   Volvemos a poner otra capa de galletas.
   Seguimos poniendo capas, hasta que acabemos los ingredientes (tres de cada uno), terminando con el chocolate rallado.
   La llevamos al congelador hasta el día siguiente.
   En el momento de servir sólo nos queda retirar el aro y el papel y, si se atreven, la pueden pasar a un plato ayudados de unas espátulas. Si no la pueden servir sobre la base.
   Miren que bonita presencia tiene.
   Eso sí, cuando la vayan a consumir sáquenla unos quince minutos antes para que se ablande un poquito.
   Aquí tienen el corte de la tarta.
   Les aseguro que queda increíblemente rica y el helado cremosito.
   ¿Se animan a probarla?

jueves, 14 de agosto de 2014

COSTILLERO DE CERDO AL HORNO

   Se acerca el fin de semana y el ecuador del mes de agosto, que además es festivo, por lo que es un buen momento para disfrutar de una comida en familia o con amigos.
   Está claro que no apetece complicarse demasiado pero, sin embargo, sí que apetece comer bien y ofrecer a nuestros invitados una buena comida.
   Una buena opción es esta rica receta que les traigo hoy. Es muy sencilla de preparar y el resultado es una carne bien jugosa y rica.
   En este caso, al ser un costillero bastante grande (pesaba más de cinco kilos), le pedí al carnicero que me lo cortara de manera que me cupiera en la bandeja del horno.
   Además le pedí que me dejara la piel y que le hiciera unos cortes para luego poder disfrutar del "cras-cras" del cuero chamuscado.
   Los ingredientes que usé fueron:

  • Un costillero, en este caso de más de cinco kilos.
  • Seis dientes de ajo.
  • Un puñado de perejil.
  • Sal.
  • Un chorro de aceite.
  • Medio vaso de vino blanco.
   Ponemos el horno a precalentar a 190-200º.
   Pelamos los ajos.
   Los ponemos en la picadora con el perejil, la sal, el vino blanco y el aceite.
   Lo trituramos bien.
   Acomodamos las costilla en la bandeja del horno. (Yo la forro con papel de aluminio que así prácticamente no se mancha).
   Impregnamos bien las costillas con la mezcla preparada, intentando que penetre bien entre los cortes de la piel.
   Horneamos hasta que estén bien hechas. En este caso estuvieron unas dos horas en el horno. Para saber que están cocinadas las atravesamos con una brocheta y si los jugos que salen son transparentes ya están listas.
   Una vez cocinadas, les damos unos quince minutos sólo con el gratinador para que la piel quede bien crujiente.
   Sólo nos queda cortarlas pasando el cuchillo entre los huesos y servirlas.
   Si las costillas de por sí son una carne jugosa, con esta marinada quedan espectacularmente ricas.

viernes, 8 de agosto de 2014

HELADOS DE DULCE DE LECHE Y DE GALLETAS OREO SIN HELADORA

   Este verano no está siendo el mejor verano de mi vida. Este verano nos ha tocado decirle adiós a nuestro padre. Ha sido algo inesperado y doloroso pero creo que nos tenemos que quedar con el hecho de que no sufrió como podría haber sufrido. Ahora nos toca "acostumbrarnos" al hecho de que no esté y sobre todo mantenerlo vivo con nuestros recuerdos que no son pocos.
   Quería agradecer desde aquí a todas las personas que nos han acompañado en estos duros momentos, tanto estando a nuestro lado como en la distancia. Gracias por estar ahí.
   Estos helados que les traigo los preparé justo unas semanas antes para llevarlos al cole y luego para una comida entre amigos.
   He decidido publicarlos los dos juntos porque son muy sencillos de preparar, sin necesidad de utilizar heladora, y porque además sé que hay algunas personas esperando que los publique.
   Los ingredientes que usé fueron:
Para el helado de dulce de leche:

  • 500 ml. de nata para montar muy fría.
  • Un bote de dulce de leche (Uso el de la lechera porque es más líquido y más fácil de integrar con la nata).
  • Crocante de almendras (Un buen puñado, al gusto).
Para el helado de galletas oreo:

  • 500 ml. de nata para montar muy fría.
  • Un bote de leche condensada (de las pequeñas).
  • Un rulo de galletas oreo.
  • Una cucharada de vainilla líquida.
  • Galletas mini oreo para decorar (opcional).
   Empezaremos por el helado de dulce de leche.
   Ponemos la nata en un bol y batimos bien con varillas eléctricas hasta que esté montada.
    En otro bol, que sea amplio, vertemos el dulce de leche.
    Volcamos la nata sobre el dulce de leche.
    Vamos mezclando con una espátula, con movimientos envolventes, de abajo hacia arriba hasta que tengamos un compuesto homogéneo.
    Añadimos la cantidad de crocante que queramos. Yo aconsejo que sean generosos que el toque crujiente le queda genial al helado.
    Removemos para que se mezclen bien y pasamos el helado a un recipiente que pueda ir al congelador. (Yo recomiendo los moldes desechables para plumcake que además traen una tapa de cartón. Se consiguen fácilmente en mercadona.).
   Guardamos en el congelador hasta el día siguiente.
   Ahora vamos con el helado de Oreos.
   Abrimos las galletas y con un cuchillito les retiramos la crema. (La crema la reservamos).
    En un bol amplio vaciamos la leche condensada y añadimos el relleno de las galletas.
    Añadimos cuatro o cinco tapas de las galletas y molemos con el brazo de la batidora.
   Ponemos la nata en un bol amplio junto con la cucharada de vainilla.
   La montamos con varillas eléctricas hasta que esté bien firme.
   Echamos la nata sobre la mezcla de galletas y leche condensada.
   Mezclamos con movimientos envolventes hasta que esté bien unido.
   Tapamos y metemos en el congelador una hora y media, más o menos.
   Troceamos las tapas de galletas con las manos, sin dejarlas demasiado pequeñas.
   Las echamos sobre el helado que no estará sólo semicongelado.
   Removemos bien para que queden bien repartidas.
   Pasamos el helado al recipiente en el que lo vamos a congelar y lo podemos decorar con unas pocas minioreos.
   A la hora de servirlos, los sacamos como una media hora antes de servir y lo tenemos listo para disfrutar.
   Es increíble lo ricos y cremosos que quedan sin necesidad de mantecarlos en una heladora.

sábado, 12 de julio de 2014

PAN DE AJO CON QUESO

   El verano es una buena época para hacer barbacoas y comidas familiares o con amigos.
   La de hoy, más que una receta, es una idea para empezar una de esas comidas. Además si hemos preparado algo en el horno, podemos aprovechar que está calentito para darle el calorcito necesario.
   Eso sí,  ya les digo que hay unas variedades mucho más elaboradas de esta receta. Sin ir más lejos, mis compis del grupo Desafío en la cocina prepararon unos riquísimos, además hasta con el pan casero.
   En este caso, se trata de una versión mucho más rápida pero no por ello menos buena. Además así evitaremos estar demasiado tiempo en la cocina que el verano es para disfrutar.
   Los ingredientes que usé fueron: (Estas cantidades son para este tipo de pan. Si usamos uno más pequeño tendremos que reducirlos)

  • Una barra de pan de pueblo. (Yo usé el de Mercadona que es bastante grande, pero puede hacerse con cualquier tipo de pan).
  • Un paquete de mantequilla de 250 gr.(Debemos sacarla de la nevera dos o tres horas antes de usarla para que se ablande).
  • Cuatro dientes de ajo.
  • Unas ramas de perejil fresco.
  • Dos paquetes de mezcla de cuatro quesos (también de Mercadona).
  • Perejil seco para espolvorear.
   Precalentamos el horno a 190-200º (Yo aproveché que estaba haciendo un asado).
   Pelamos los ajos, los abrimos por la mitad y les retiramos el germen. (Esto evitará que nos repita luego mucho).
    Ponemos los ajos junto con el perejil en la picadora y los trituramos bien.
    Ponemos esta picada en un bol junto con la mantequilla.
    Trabajamos bien la mezcla con un tenedor para que quede bien integrado y cremosito.
    Le hacemos cortes al pan, a lo largo y a lo ancho, formando cuadrados. No llegamos a cortar hasta la base.
    A la hora de untar el pan opté por la vía más rápida. Me enfundé unos guantes de silicona y fui poniendo mantequilla por todo el pan, untando bien entre los huecos.
    Hacemos lo mismo con el queso. Ayudándonos de las manos vamos metiéndolo entre los huecos.
    El queso que nos quede lo espolvoreamos sobre el pan y le ponemos también un poco de perejil seco picado.
    Sólo nos queda meterlo en el horno entre diez y quince minutos, hasta que veamos que el queso está bien fundido.
    A la hora de comerlo hay que hacerlo sin remilgos. Vamos cortando trozos con las manos y a disfrutar.
   Una maravillosa forma de ir abriendo boca en una comida familiar o de amigos, como en este caso.